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viernes, 9 de diciembre de 2011

DEL TEMOR Y SUS CONTRARIOS




Ocurre
que algo comienza a apoderarse de uno,
algo como el momento exacto antes de un disparo1,
como cuando crees que has olvidado, 
esta vez para siempre, la letra2

algo sucede
cuando ella te mira
pero no dice.

Ocurre
que las palabras se encasquillan3
o que las balas se agarrotan4
algo así,
algo que es óxido 
y podría también ser de cal
o de madera;

algo sucede
cuando ella entreabre los labios
pero no dice.

Ocurre
que miro al espejo
y puedo distinguir nuevas marcas,

ocurre
que algo se asoma,
algo que quiere invadir.

Sucede
que me aplico honestamente a no desaparecer
en el temblor de tantos silencios,
rebusco
entre el temor y sus contrarios
y encuentro las palabras que quedaron,
perdidas, dispersas,
despreciadas
entre las almohadas del sofá:

entonces me aplico, las reanimo,
las limpio con mi aliento y las tiendo
delicadamente
sobre un papel rayado;
adivino (o imagino) el orden correcto,
las armo, las cuido, les enhebro un sentido.

Ocurre, siempre es así,
que algo comienza a crecer
algo como el momento previo a saltar del avión5

cuando ella no dice

y todo queda callado, amortizado,
en ese lugar que sé que hay
(lo he traducido de mi cuaderno)
entre el miedo 
y todo lo demás.

_______________________________________________

1(¿habéis disparado un arma alguna vez?)
2(¿habéis cantado en público alguna vez?)
3(¿habéis disparado palabras alguna vez?)
4(¿habéis soplado el alma de un cañón alguna vez?)
5(¿habéis saltado con paracaidas alguna vez?)

sábado, 19 de noviembre de 2011

LUZ


Nos dibuja la luz,
nos advierte:
comparecemos.

Surgimos
para dejar de ser memoria,
regresamos,
disputando nuestro espacio al sueño.

Nos construye la luz,
nos acaricia,
nos hiere, puntualmente.

Aparecemos en vano,
a trazos de poco, esbozados:
al abrigo de un contraluz,
al frío de nuestra sombra.

Nos hace la luz,
nos figura:
nos presenta, nos da un rostro.

Frágiles, creemos ser
solo por ser iluminados:
rezamos a la luz;
se deshacen, en tanto, las velas.

Candidatos seguros a prescribir,
nos ciega la luz,
nos obliga,

nos arranca los párpados.

MANUAL DE INCERTIDUMBRES



Aceptemos un universo repleto de vacío
donde nada es continuidad, ni hilo, ni espectro,
ni gama de grises
sino, en realidad, partículas,
aislamiento,
unidades discretas,
pulsos,
cuantos
y, entre medias,
silencio.

Aceptemos un océano de riesgo,
un prodigio logarítmico de ignorancia,
una esfinge escupiendo, incesantemente,
paradojas,
potencias de casi nada.

Estudiemos con atención la propuesta de la Física,
la gloria de la determinación,
órbitas definidas con matemática belleza
y, a la vez,
la ambición de escrutar lo que apenas (o menos mal) es probable,
el misterio ineludible de ¿cosas? ínfimas
que están, simultáneamente, en dos (o más) lugares distintos,
un gato que está muerto y vivo
al mismo tiempo.
Estudiemos la gravedad
(aunque nunca acaba de encajar).

Muerto Dios, recién enterrado, aún caliente su espectro
creador e inmisericorde, olvidado su índice férreo
que señalaba un destino único, marmóreo, divino,
nos ofrecen
(parecen buena gente aunque algo desaliñados
estos físicos teóricos)
el consuelo de vivir, o haber vivido, varias vidas
en distintos universos
(con, parece, conciencia solo de uno
que puede ser éste o su vecino
o su pretérito imperfecto)
el alivio de un mundo diverso
que se resiste a quedar atrapado en una decisión:
un río, sí, pero un río que se fragmenta a cada instante,
un delta infinito, una raíz que se adentra, permanente,
multiplicando, resolviendo, nuestros futuros,
(recordemos: vivos y muertos, al mismo tiempo).

Redactemos con precisión nuestro diario
de lo que no sucedió:
el cuaderno de bitácora de decisiones amortizadas,
el mapa de los deseos frustrados,
la guía de uso de los abandonos, del desaliento,
de lo evitado:
sabemos que en algún ¿mundo? paralelo
lo hemos intentado, ha sucedido, sucederá.

Confiemos en que seguimos vivos en ese lugar.

Anotemos qué podría estar pasándonos,
con toda precisión,
con rigor académico,
con toda esta magnífica incertidumbre

Vivamos por unos cuantos.

lunes, 14 de noviembre de 2011

FALSOS (PERO) REFUGIOS (en mi menor)


Para que yo pueda seguir
viviendo mi vida
¿cuál si no?,

para que pueda haber
algo de en mi discurso

para poder recordar
pero con el ritmo lento, riguroso,
con el ritual necesario,
con el tono debido, paso a paso,

para no hacerme daño,

preciso (ocasionalmente)
refugios,
pisos francos,
apropiarme de un lugar

(normalmente pequeño, silencioso,
algo lúgubre, sí, a veces)

y hacerme fuerte (si eso fuera posible),
soñando espejos,
desfigurando significados,
maltratando palabras,
inventando fórmulas apócrifas,

mintiendo, en fin,
mintiendo.


Para mi estricta supervivencia,
para que mi voz tenga un papel
donde dormir, una vez callada,

para disimular lo fugaz (el instante),
para disfrazarme,
para no verme tal como soy,
para desdibujarme,

preciso (detesto ser insistente)
refugios,
abrigos,
muros levantados con los sacos terreros
de la ficción

y la estricta voluntad de escribir
sobre lo que a nadie importa
(y para es urgente desnudar).

Para alimentar mi valor
(y sus contrarios)
preciso de estos falsos refugios:
el consuelo,
de tanto en tanto,
de cuatro o cinco versos,
sin rima, sin ritmo, sin demasiado sentido,

versos que ni se sostienen
de lo mal apuntalados.

viernes, 11 de noviembre de 2011

LUGARES


Hay fronteras que nunca se cruzan,
hay poemas que nunca se escriben,
palabras maniatadas por el miedo
o condenadas
por el crimen que sugieren:
desavenencias
            impunidad
                        garantías
                                   (o la verdad).

Hay fantasmas amortajados, emparedados
entre los muros líquidos de la memoria,
hay lugares oscuros, disimulados,
hay cajas negras,
paréntesis, códigos particulares:
el fuego lento de lo imperdonable
con su grasa flotando a borbotones.

Hay tantos sin embargos,
estragos por postergación,
cuervos graznando, notas rotas de contrabajo;
hay lugares desde donde no se vuelve, nunca,
intacto.

Hay lugares que deben permanecer cerrados para siempre
como las estancias de viejos reyes crueles,
como los ataúdes (o los osarios).

Hay lugares (perdonad) amordazados.

lunes, 24 de octubre de 2011

TRA(D)ICION


Vengo de un país
de un provincialismo primordial,
de curas de cabecera,
de racistas avant la lettre,
de una estricta tradición de miseria:
un país de gritos y de hachazos,
de lazos de esparto,
de cerrojos, de chismes,
de cajas de ahorro.

Vengo del país
que al norte limita con Machado
y al sur con Lorca,
que descubrió su crueldad
en otro continente,
que lo derrochó siempre todo,
generosamente,
para matar en nombre de Dios, del Papa, de la Patria
¿a quién le importa?

Vengo de un país
de luto riguroso y solemne
(entre fiesta y fiesta),
de medias palabras, sin medias tintas,
de payasadas (y sangre, y sangría)
para turistas,
un país con Rey y con marqueses,
un país de herederos, de primogénitos,
donde tantos viven del cuento
(excepto los escritores,
que mueren tropezando,
mueren a plazos,
de concurso en concurso municipal).

Vengo de un país cansado
que un día pareció querer ser otro,
de algún modo;
un país que ha olvidado
para qué y para quién inventó tantos insultos,
por qué ensució sus playas
con cemento armado y toneladas
de crema hidratante.

Un país que miente
sobre sus guerras, sobre sus héroes,
un país de historia-ficción
excepto, quizá, para la mala suerte
(a ésa le somos siempre muy devotos,
muy fieles).

Vengo de un país
lleno de tachones,
de bosques quemados,
de palizas de puertas adentro,
de sobrinos que no dan la talla,
un país del que nunca me iré
porque, en estricta justicia,
soy como él:
fanático y vencido.

viernes, 16 de septiembre de 2011

SEPTIEMBRE


El rigor de las costumbres imponiendo su cordura
al calor de la distancia, la renuncia, fantasía
con aroma de derrotas que te sueñan o imaginas
(y el viento que se enreda entre velas y banderas).

El sabor de las meriendas alargando los domingos
y la luz de las tardes maquilladas de poniente,
el rumor intermitente de las olas retrasadas
de noticias y horizontes. La virtud de las mareas.

La imprecisa relación de la sal y la nostalgia,
de la arena que se filtra y se queda para siempre
entre páginas reunidas y olvidadas (amarillas
de vejez inesperada). El verano que termina.

El rigor de las costumbres imponiendo su cordura;
el reloj, el disfraz planchado, puntual, apolillado;
el rumor de las horas que se escapan a escondidas.
El dolor de vernos tal como éramos

(tal como nos fuimos).




martes, 21 de junio de 2011

TRAZOS

Los trazos, en realidad, encuentran al pintor

cuando no los busca demasiado.


La intención traiciona el dibujo,


el fin estrangula los pasos necesarios


(para perderse)


el contorno desdibuja, impide

conocer.


Las cosas laten,

vibran,

nos conmueven,

difuminadas,

más por lo que no acabamos de ver

que por cómo se muestran,


más por su resonancia

que por su melodía,


más por cómo no terminan


que por sus esquinas, tan acabadas.

BONITAS PALABRAS

Cuidadosamente elegidas

como las armas del criminal experto

para escamotear el verdadero móvil, la intención

última


[la gente escucha, la mayoría cree

que algo importante va a ser dicho,

la verdad, revelada, revestida de bonitas palabras de celofán]


palabras buscadas entre las más eficaces, extraídas

con precisión de insecto

entre las infinitas posibilidades de no decir la verdad,

cultivadas al calor de lo políticamente correcto,

palabras que, en último término,

no dicen nada


[la gente abre la mirada, la sala

es un nido de silenciosos polluelos

deseando que alguien deposite en su boca

las palabras adecuadas]


el discurso fluye, lubricado

por el almíbar de los adjetivos tan bien educados

por adverbios de buena familia

al aroma de perversos neologismos

sobre un lecho de oraciones subordinadas.


[alguien sufre un ligero escalofrío

por el descenso térmico que compensa

tanta tontería con suéter de angorina]


antes de despedirse, el conferenciante se distancia,

levemente, del atril

como si algo, por fin, pudiera suceder,

por un instante demuestra su santa indignación

que subraya con un (enérgico) final,

con una gimnástica pirueta,

con un atrevidísimo


[temblor]


“me llama poderosamente la atención

que nadie antes...”


[y ya la gente, prácticamente exhausta,

estalla en admiración;

después, ordenadamente, abandona la sala

apenas notando ese leve peso sobre los hombros,

esas bonitas palabras que ahora se alimentan,

con elegancia, tan bien adaptadas,

mordiendo en la yugular]

domingo, 19 de junio de 2011

TACHAR/DIBUJAR/EXPLORAR


Afianzarme en un poema lleno de errores tachones

donde las palabras desechadas postpuestas

queden obvias, expuestas, desnudas, atravesadas;

donde se derrame tinta sobre el mantel

de trazos desangrados, de letras atravesadas ensartadas;

describir enumerar los tonos grises de las nubes de tormenta

encuadrar la realidad mirada,

hacerla mía;

fundamentar una lista un catálogo de hallazgos

reprimir el impulso deseo de hacer de todo tabla rasa,

darle a cada tema su importancia:

la vida no siempre transcurre del otro lado de la ventana;

dormir con la espalda apoyada en la pared

piedra a contra carne y un murmullo susurro de agua desordenada,

música de cristal, copas vacías llenas de nada,

notas que se escogen eligen entre tantas casi iguales,

piedras que se ordenan,

espacios tasados, cielos organizados:

delimitar el placer, regular el tráfico caótico

de un modo u otro,

construir dibujar la senda

(aún a trazos gruesos, a borrones, a torpes intentos)

definir (acabar) fronteras

y, en ese estrecho gesto de la línea que se inventa, que excluye,

explorar

(tachando palabras).


jueves, 5 de mayo de 2011

GENTE

Gente en busca de áticos. Gente doblando esquinas.


Gente entretenida mirando el hilo blanco y recto que dibuja un avión lleno de gente preguntándose, otra vez, por qué.


Gente indiferente ante ciertos aromas, por otro lado, ineludibles.


Gente que busca a otra gente (y gente que come gente).


Gente capaz de tanto, atascada tras el camión de la basura que deja (ellos creen) otra gente.


He visto gente más allá de las Puertas de Orión, aunque ellos eran incapaces de notarlo.


He conocido gente obsesionada con no parecerlo.


He conocido gente (y también escritores).


He deducido algunas reglas para entender a la gente que insisto en aplicar con la esperanza de hacerlas fracasar una y otra vez.


Gente merodeando las casas de empeños. Gente que sigue confiando en las cajas de ahorros.


Gente que siempre vive en las casas de enfrente.


Gente que hace que otros parezcan felices (aunque estos últimos lo negarían).


Gente incendiaria y gente en peligro de extinción.


He conocido gente que parecía salida de una novela y pocas novelas donde saliera, de verdad, gente de mentira.


En ocasiones he supuesto el invierno por lo abrigada que iba la gente.


He leído palabra por palabra algunas miradas y he fingido ser gente entre la gente. Nunca he sido descubierto.


He conocido gente muy triste que desearía habitar en libros de instrucciones.


Gente que nunca pidió perdón.


Gente como notas desafinadas (y el correspondiente papel pautado).



Gente adrede, gente sin querer, gente deshabitada envuelta en gabardinas de tonos (excesivamente) pálidos.


Gente encontrada y gente echada a perder.


Gente como una Luna, orbitando alrededor de una norma. Y su cara oculta.


Gente atrincherada, sin asomo de guerra.


He puesto mucha gente en un papel (y quizá no era el momento adecuado).

jueves, 28 de abril de 2011

FORMULAS PARA GESTIONAR EL DESEO

(I): ORACION SUBORDINADA


Funciona a pilas

de agua bendita;

depositada la confianza necesaria

a golpes de susurro, a veces incluso

a golpes de pecho,

se deja macerar a un ritmo lento,

como cualquier otra esperanza

(excepto las cortazarianas)

y se abandona, si es posible,

junto a velas, bajo bóvedas acristaladas

o en oscuras capillas

(que puede opcionalmente adornar

con porosas osamentas

como simple decoración o para mejorar el efecto).


Se obtiene después,

siempre,

lo que Dios quiera.


Puede repetirse cuantas veces se precise

con idéntico resultado.


(II): DESAMAR


Ahonde en subterfugios,

vigile su espalda (la de él/ella, claro),

hágase (por una vez) la/el interesante.


Responda de forma críptica,

casi jeroglífica,

ante sus preguntas sin sentido

(por ejemplo: “¿salimos?”).


Sea hosco/a, sin sutilezas,

cuando sea necesario.


Sea cruel.


No se corte

(salvo, quizá, en las muñecas

pero como simple advertencia).


Cuando se vea solo/a,

desamado/a,

el deseo resurgirá,

enorme,

desalmado,

ya inútil, para siempre.


Insista, si es necesario

y si tiene el valor suficiente

(perfectamente desenfocado).


(III): AMBICION AMBIGUA


Quiera, pero no tanto

o no siempre

o no a lo mismo

o varias cosas a la vez.


Quiera y no quiera

(incluso querer)

y dude desde ambas

incómodas posturas

(y sus combinaciones).


Ambicione el desapego pero

adhiérase, ferozmente, a causas ambiguas,

lidere empresas arruinadas

sin pestañear

y viva, como si tal cosa,

el deseo desbocado, libre, sin objeto concreto,

la satisfacción de ser capaz de amar

cualquier cosa, sujeto

o predicado.


Ambiguo, observe el mundo

con la sagrada mirada de la indiferencia

(y no permita que se le vea llorar).



(IV): PROCRASTINAR


Sea tenaz:

ni se le ocurra culminar,

terminar, dar brillo, cerrar nada.


Deje siempre para la vida postrera

lo que pueda completar esta misma tarde.


Su vida se poblará de proyectos,

ideas, tareas infinitas como océanos medievales,

selvas inextricables, laberintos llenos de sentidos;

recupere aquellos deberes de primaria

que nunca terminó y dígase:

“soy coherente, siempre fui así”

mientras resiste el impulso de concluir

esa sencilla raíz

cuadrada

(o el problema de los trenes que se cruzan).


No deje de aplazar, dilatar,

dilapidar;

amplíe los plazos y ellos le traerán

una incómoda sensación,

un estúpido (pero irresistible) deseo

de volver a empezar

(una enésima cosa).


En fin, procrastine a mansalva,

procrastine todo,

pero fundamentalmente, el fin

(es lo más difícil, por eso, insisto:

cras, cras,

deje el fin para otro día).


El dolor al reconocerse

cruzando alguna meta,

puede que sea eso,

¿quién sabe?


Usted,

nunca,

desde luego.

miércoles, 27 de abril de 2011

A CIENCIA CIERTA


(desde Bill Bryson, Una breve historia de casi todo)


En 1717, Daniel Gabriel Fahrenheit desarrolló el primer termómetro de suficiente precisión. Después lo calibró situando el punto de congelación del agua en 32 grados y el de su ebullición en 212. Todavía se desconoce porqué utilizó esos números y, de igual forma, cómo alguien puede ser tan brillante e irracional simultáneamente. Ni cómo calibrar ambos extremos.


La Corriente del Golfo transporta, a diario, una cantidad de calor equivalente a la producción de carbón mundial de diez años. La Corriente del Golfo es, por tanto, un fenómeno colonialista, gratuito y claramente insostenible que sólo persigue el bienestar de las Islas Británicas.


15 centímetros cúbicos de greda de Dover (no me pregunten: busquen en Internet) contiene más de 1000 litros de CO2 comprimidos. La greda de Dover es, por tanto, una (bellísima) arma de destrucción masiva (sin espoleta).


La Naturaleza, esa fuerza audaz y, por tanto, desmanotada, lanza a la atmósfera unos 100.000 millones de toneladas de CO2 al año, casi 30 veces más que los humanos con sus coches y fábricas. En su disculpa diremos que la Naturaleza no ratificó Kyoto (pero viceversa).


El agua lo invade todo: una vaca es un 74% de agua, un humano, alrededor de un 65%, una patata un 80%. Desde este punto de vista, nos parecemos más a una patata que a una vaca. Lo que resulta realmente alarmante (y milagroso) es que un tomate, con lo bien que le va al pan en determinadas comunidades autónomas, sea un 95% de agua.


Si el mar decidiera desecarse y el viento, después, esparciera su sal habría suficiente cantidad de ésta para cubrir toda la tierra del planeta con una capa de 150 metros de espesor. Menos mal que el mar, tan salado, paradójicamente, no sabe.


Dice David Attenborough que la ballena azul tiene unas proporciones tan gigantescas que algunos de sus vasos sanguíneos son tan anchos que podrías bajar nadando por ellos. Dice Woody Allen que para qué.


Los picos de los calamares gigantes, obviamente indigeribles, se acumulan en el estómago de sus depredadores, los cachalotes, formando sus restos una pasta informe y gelatinosa llamada “ámbar gris” que, tras extraerse de los cadáveres de estos bellos animales marinos, se emplea ampliamente en perfumería. Supongo que a partir de ahora verás tus cosméticos con otros ojos (o picos).


Las malas intenciones no ocupan lugar: un virus es un trozo de ácido nucleico dispuesto a joderte la vida, en cualquier momento. Y, atento, un compañero de trabajo es mucho más grande que un virus.


Al final, los científicos son los únicos que no saben nada a ciencia cierta.



sábado, 16 de abril de 2011

JUEGO DE SUMA CERO

Hoy

perotambiénayeryporquénomañana

nos jugamos la vida


y me apuesto tu muerte


a que salga un siete

en este dado solitario


a que te parta un rayo

sin indicios de tormenta,


a que no haya Mayo

esta primavera.


Hoy,

estamismatarde,

me juego la vida

en un duelo a primera sangre

o a última coronaria.


Mañana,

en el hipotético caso

de volver a disponer de

risa

hambre

y reflejo,

—y no sin una cierta amenaza

de defunción—

funcionaré

de prestado

aguardaré

disimulando

despistaré

haré como que no aprecio

—no, no tanto—

la vida,

no sea ya,

no sea que,

no sea yo.


Te echo una carrera,

de tu nombre

a tu epitafio,

desde el llanto

hasta el quinto o el décimo

aniversario.


Y a ver si ganas:

me juego la vida.

martes, 12 de abril de 2011

DE LO INUTIL

Es inútil

llamar a las cosas por su nombre

(ellas nunca lo reconocerán);

matar el deseo, gobernar el alma,

es inútil

acostarse como en un ritual

y pretender, después, soñar.


Es inútil

comprar un cuaderno nuevo

cuando ya no quedan palabras nuevas por apuntar


Es inútil

la regla del nueve,

la ley de la palanca,

la astronomía para ver de lejos,

o llevar gafas para verte de cerca.


Es inútil

apuntar (incluso entre los ojos)

para no olvidar,

pensar en colores y vivir

en blanco y negro,

llevar casco en una guerra nuclear,

vivir de leyendas, beber

(excepto beber de verdad),

es inútil amar los objetos

que no te corresponden.


La poesía es inútil, por supuesto,

y la ansiedad,

los bálsamos,

los paños de lágrimas

(particularmente al amanecer),

las oraciones que cuestan una eternidad,

también, inútiles, también,

las frases tan redondas que se muerden la cola

son lo que son:

verdades a medias, verdades

a medida que se apagan

(ya).



jueves, 7 de abril de 2011

EN LA INTIMIDAD DE LOS GOBERNADOS

(desde John Berger)


En la intimidad de los gobernados

surgen dudas que agarran

como raíces de olivos centenarios;

manos hechas jirones de despedirse

ordeñan las cabras,

casi destilan, con delicadeza, la leche

imposible y blanca,

a la luz salvaje del mediodía,

de tantos días demasiado iguales.


En la intimidad de los gobernados

hay una determinación de tierra

y agua dulce,

y también hay hombres que juegan a perder

apedreando oficiales de distinta graduación.


A la sombra de los muros

se tejen sueños de fiebre y romero,

se oye el ruido del casquillo

que cae, junto a una bota de cuero español,

quién lo iba a pensar,

solo un poco más tarde

que el cuerpo de un niño.


En la intimidad de los gobernados

hay algo muy distinto (y más fuerte)

que la esperanza,

hay todo lo contrario de una paciente resignación

y algo cercano a un licor fuerte y amargo,

algo difícil, raro,

no sólo por lo excepcional,

sino por lo esencialmente humano.


En la intimidad de los gobernados

hay siempre un puñal

dispuesto a despertarse,

la fuerza de la arena

contra un muro de hormigón.


lunes, 4 de abril de 2011

FUTBOL

Mi tristeza ha sido la campeona de la Liga de invierno.


Me he dedicado a regatear,

como una mosca entre las cruces del cementerio,

idiota,

con esa leve pulsación en la cabeza

y sin advertir la cercanía del hilo de la tela de araña.


La vida es lo que sucede entre dos copas de Europa.


Y ahora tengo síntomas de Agosto.


El campo limita al Norte con el Mar Muerto

y al Sur con la jubilación.


La línea de cal parece querer atraparme hacia su abismo

y me ha parecido ver la senda que marcaba el carrilero de este mismo equipo

en los ochenta.


La prórroga, tan sobrevalorada, ofrece en realidad nada,

a destiempo,

siempre.


Hubo un momento para haber dado el pase que imaginé

que se curvaba como un sueño lleno de mirlos

y aullidos.


Siempre sucede lo irremediable:

ya han privatizado los saques de esquina

y alguien grita ¡imaginación! desde el Fondo Sur.


Mejor sigo siendo balón.


sábado, 2 de abril de 2011

LA VIDA SECRETA DE LOS PASEANTES

A L.


Los ves a cualquier hora,

a paso lento,

bien provistos de periódicos,

bolsos, abrigos, gafas de sol,

gestos que utilizan como escudos.


Los ves.

Te dedicas, por un momento,

a recomponerlos: con pocos indicios,

cuatro gestos, un detalle,

pecios, briznas de lana,

medias palabras;

con tan poco, los ves.


Los ves y, también, los imaginas,

con una aplicada inteligencia,

que sólo los más bobos

calificarían de “intuición”;

deduces, en un instante,

la vida secreta de los paseantes.


Reconstruyes vidas

que puede que no sean,

que no son o que no fueran,

inventas, retuerces, exprimes fragmentos

que, para otros, son accidentes inconexos.



Y todo encaja.


Y nada -o todo- de lo que deduces,

de lo que sabes,

es ficción.


Tus historias son, ya,

sus verdaderas vidas

(ellos se equivocan al recordar

o al mirarse en un espejo:

sólo pueden -eso mismo- especular).


Recompuesto el puzzle de sus peinados,

de sus chaquetas, de sus acompañantes

(nunca son casuales los acompañantes),

las horas y cadencias al caminar,

y de esos -¿no te habías fijado?-

calcetines desparejados,

adviertes las manchas que hirieron corbatas,

los botines ajados que una vez -deduces-

fueron elegantes.


Sólo una historia encaja.


Sólo una.


La arquitectura,

la puesta a plano,

la cuidadosa deducción,

la anatomía de un saludo,

el tono menor de una mirada.


Otros leen novelas,

incluso ensayos,

¡o poemas!


Nunca aprenden nada.


Mientras tanto,

tú, con sólo percibir , apenas, su aroma,

conoces su vida entera,

recorres el hilo que los ha conducido

hasta esta calle,

hasta este domingo,

desnudos frente a ti

(aunque se te enfrió,

otra vez,

querida, el café).


lunes, 28 de marzo de 2011

ESTAR A SALVO

Quiero salir indemne,

como una monja en una caja de ahorros:

estar a salvo de cualquier peligro

vivir sin ganarme la vida

(y que ella me gane a mí).


Quiero vivir de una pieza,

aunque me caiga, a trozos, a cada paso,

ser hombre de palabra

(pero entre paréntesis).


Me pido un rito solemne

para el día de mi excomunión,

una oración de pega,

una suerte de Kredo del Santo Sarkasmo.


Y estar a salvo,

sin embargo.


Quiero ser contradictorio:

que no se me haga caso

mientras llamo la atención

por no quemarme a lo Bonzo.


Refugiarme donde no haya espejos

construir aprovechando escombros,

leer los renglones torcidos

de los poetas malditos:

que me atraviesen con sus estocadas

llenas de adjetivos imprevisibles

(y certeros golpes de adverbios).


Quiero todos los pronombres

en minúsculas.


Y estar a salvo, aproximadamente.


Quiero atravesar furioso un mar en calma,

alimentar con cereales de desayuno

a los tiburones que rodean la nave,

llegar a playas y escribir mensajes

que llenaré de mentiras

y meteré en indestructibles botellas de agua

de baja mineralización.


Viajar, de cuando en cuando,

a salto de mata, con un plan bien trazado,

hacer fotos, dar abrazos, admirar templos

que perderé entre el huracán de mi desmemoria.


Y estar a salvo.

¿Lo había dicho ya?

jueves, 3 de febrero de 2011

ANNA AJMATOVA HACE COLA


Anna

Hace cola frente a la prisión.

Ahora

Anna es de piedra y de recuerdo.


Lleva,

en un gran bolso de lana,

comida caliente

(calor, sólo por un momento).


Su hijo,

—como nosotros—,

hace ya diez años

o hace ya mil versos,

—¿son tantas las palabras

porque nunca son suficientes?—

sigue encerrado,

al cuidado del frío,

en el centro exacto del miedo.


Calor, solo por un momento

en las celdas pintadas de luna nueva.


Cuando la luna es de melón…


Anna

recuerda esa noche:

hace ya diez años

—o hace ya mil versos—

que se nos llevaron.


Anna es de piedra y de recuerdo,

siempre en pie, frente a la prisión.


Piensas que esto es trabajo…


Alguien dice algo así como:

Tu marido,

tu hijo, los amigos:

tu trabajo es mantenerlos vivos

y hacer transparente

el muro de la prisión,

defender a tu gente,

a su memoria,

desprender de la Historia

las Letras Mayúsculas

con las que nos someten.



Anna

hace cola,

es piedra,

frente a la cárcel,

ahora es todas las madres

(calor, solo por un momento).


Alguien le ha recordado

que también de piedra

están hechos

algunos poetas.


Ahora

Anna escribe en su memoria

—que ya es la nuestra—

escribe

donde la gente padeció

su desdicha.


AD-HERIRSE

Al menos,

llegado el caso,

deberíamos devorarnos

de frente.


Al menos

dar la cara,

mirarnos

(y recordarnos así)

cuando perdemos

la razón.


Afrontar, encarar,

enfrentarse.

Sin parpadear.


(Antes de la herida

puedes oír el sonido

de la navaja

cortando el aire)


(Antes de la sangre

y del dolor

—antes de todo lo demás—

está esa mirada

—la mirada—)


No descuidar ni un detalle.

Un movimiento.

Un temblor.

La intención.


Viene,

se advierte entre nosotros

—el propósito es claro—,

contamina nuestra respiración.


Sólo de frente

se puede luchar,

hendir la hoja, matar.


Solo y de frente:

la espalda es para los muertos

(y ellos —seguramente— supieron por qué).