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viernes, 9 de diciembre de 2011

DEL TEMOR Y SUS CONTRARIOS




Ocurre
que algo comienza a apoderarse de uno,
algo como el momento exacto antes de un disparo1,
como cuando crees que has olvidado, 
esta vez para siempre, la letra2

algo sucede
cuando ella te mira
pero no dice.

Ocurre
que las palabras se encasquillan3
o que las balas se agarrotan4
algo así,
algo que es óxido 
y podría también ser de cal
o de madera;

algo sucede
cuando ella entreabre los labios
pero no dice.

Ocurre
que miro al espejo
y puedo distinguir nuevas marcas,

ocurre
que algo se asoma,
algo que quiere invadir.

Sucede
que me aplico honestamente a no desaparecer
en el temblor de tantos silencios,
rebusco
entre el temor y sus contrarios
y encuentro las palabras que quedaron,
perdidas, dispersas,
despreciadas
entre las almohadas del sofá:

entonces me aplico, las reanimo,
las limpio con mi aliento y las tiendo
delicadamente
sobre un papel rayado;
adivino (o imagino) el orden correcto,
las armo, las cuido, les enhebro un sentido.

Ocurre, siempre es así,
que algo comienza a crecer
algo como el momento previo a saltar del avión5

cuando ella no dice

y todo queda callado, amortizado,
en ese lugar que sé que hay
(lo he traducido de mi cuaderno)
entre el miedo 
y todo lo demás.

_______________________________________________

1(¿habéis disparado un arma alguna vez?)
2(¿habéis cantado en público alguna vez?)
3(¿habéis disparado palabras alguna vez?)
4(¿habéis soplado el alma de un cañón alguna vez?)
5(¿habéis saltado con paracaidas alguna vez?)

sábado, 19 de noviembre de 2011

LUZ


Nos dibuja la luz,
nos advierte:
comparecemos.

Surgimos
para dejar de ser memoria,
regresamos,
disputando nuestro espacio al sueño.

Nos construye la luz,
nos acaricia,
nos hiere, puntualmente.

Aparecemos en vano,
a trazos de poco, esbozados:
al abrigo de un contraluz,
al frío de nuestra sombra.

Nos hace la luz,
nos figura:
nos presenta, nos da un rostro.

Frágiles, creemos ser
solo por ser iluminados:
rezamos a la luz;
se deshacen, en tanto, las velas.

Candidatos seguros a prescribir,
nos ciega la luz,
nos obliga,

nos arranca los párpados.

MANUAL DE INCERTIDUMBRES



Aceptemos un universo repleto de vacío
donde nada es continuidad, ni hilo, ni espectro,
ni gama de grises
sino, en realidad, partículas,
aislamiento,
unidades discretas,
pulsos,
cuantos
y, entre medias,
silencio.

Aceptemos un océano de riesgo,
un prodigio logarítmico de ignorancia,
una esfinge escupiendo, incesantemente,
paradojas,
potencias de casi nada.

Estudiemos con atención la propuesta de la Física,
la gloria de la determinación,
órbitas definidas con matemática belleza
y, a la vez,
la ambición de escrutar lo que apenas (o menos mal) es probable,
el misterio ineludible de ¿cosas? ínfimas
que están, simultáneamente, en dos (o más) lugares distintos,
un gato que está muerto y vivo
al mismo tiempo.
Estudiemos la gravedad
(aunque nunca acaba de encajar).

Muerto Dios, recién enterrado, aún caliente su espectro
creador e inmisericorde, olvidado su índice férreo
que señalaba un destino único, marmóreo, divino,
nos ofrecen
(parecen buena gente aunque algo desaliñados
estos físicos teóricos)
el consuelo de vivir, o haber vivido, varias vidas
en distintos universos
(con, parece, conciencia solo de uno
que puede ser éste o su vecino
o su pretérito imperfecto)
el alivio de un mundo diverso
que se resiste a quedar atrapado en una decisión:
un río, sí, pero un río que se fragmenta a cada instante,
un delta infinito, una raíz que se adentra, permanente,
multiplicando, resolviendo, nuestros futuros,
(recordemos: vivos y muertos, al mismo tiempo).

Redactemos con precisión nuestro diario
de lo que no sucedió:
el cuaderno de bitácora de decisiones amortizadas,
el mapa de los deseos frustrados,
la guía de uso de los abandonos, del desaliento,
de lo evitado:
sabemos que en algún ¿mundo? paralelo
lo hemos intentado, ha sucedido, sucederá.

Confiemos en que seguimos vivos en ese lugar.

Anotemos qué podría estar pasándonos,
con toda precisión,
con rigor académico,
con toda esta magnífica incertidumbre

Vivamos por unos cuantos.

lunes, 14 de noviembre de 2011

FALSOS (PERO) REFUGIOS (en mi menor)


Para que yo pueda seguir
viviendo mi vida
¿cuál si no?,

para que pueda haber
algo de en mi discurso

para poder recordar
pero con el ritmo lento, riguroso,
con el ritual necesario,
con el tono debido, paso a paso,

para no hacerme daño,

preciso (ocasionalmente)
refugios,
pisos francos,
apropiarme de un lugar

(normalmente pequeño, silencioso,
algo lúgubre, sí, a veces)

y hacerme fuerte (si eso fuera posible),
soñando espejos,
desfigurando significados,
maltratando palabras,
inventando fórmulas apócrifas,

mintiendo, en fin,
mintiendo.


Para mi estricta supervivencia,
para que mi voz tenga un papel
donde dormir, una vez callada,

para disimular lo fugaz (el instante),
para disfrazarme,
para no verme tal como soy,
para desdibujarme,

preciso (detesto ser insistente)
refugios,
abrigos,
muros levantados con los sacos terreros
de la ficción

y la estricta voluntad de escribir
sobre lo que a nadie importa
(y para es urgente desnudar).

Para alimentar mi valor
(y sus contrarios)
preciso de estos falsos refugios:
el consuelo,
de tanto en tanto,
de cuatro o cinco versos,
sin rima, sin ritmo, sin demasiado sentido,

versos que ni se sostienen
de lo mal apuntalados.

viernes, 11 de noviembre de 2011

LUGARES


Hay fronteras que nunca se cruzan,
hay poemas que nunca se escriben,
palabras maniatadas por el miedo
o condenadas
por el crimen que sugieren:
desavenencias
            impunidad
                        garantías
                                   (o la verdad).

Hay fantasmas amortajados, emparedados
entre los muros líquidos de la memoria,
hay lugares oscuros, disimulados,
hay cajas negras,
paréntesis, códigos particulares:
el fuego lento de lo imperdonable
con su grasa flotando a borbotones.

Hay tantos sin embargos,
estragos por postergación,
cuervos graznando, notas rotas de contrabajo;
hay lugares desde donde no se vuelve, nunca,
intacto.

Hay lugares que deben permanecer cerrados para siempre
como las estancias de viejos reyes crueles,
como los ataúdes (o los osarios).

Hay lugares (perdonad) amordazados.

lunes, 24 de octubre de 2011

TRA(D)ICION


Vengo de un país
de un provincialismo primordial,
de curas de cabecera,
de racistas avant la lettre,
de una estricta tradición de miseria:
un país de gritos y de hachazos,
de lazos de esparto,
de cerrojos, de chismes,
de cajas de ahorro.

Vengo del país
que al norte limita con Machado
y al sur con Lorca,
que descubrió su crueldad
en otro continente,
que lo derrochó siempre todo,
generosamente,
para matar en nombre de Dios, del Papa, de la Patria
¿a quién le importa?

Vengo de un país
de luto riguroso y solemne
(entre fiesta y fiesta),
de medias palabras, sin medias tintas,
de payasadas (y sangre, y sangría)
para turistas,
un país con Rey y con marqueses,
un país de herederos, de primogénitos,
donde tantos viven del cuento
(excepto los escritores,
que mueren tropezando,
mueren a plazos,
de concurso en concurso municipal).

Vengo de un país cansado
que un día pareció querer ser otro,
de algún modo;
un país que ha olvidado
para qué y para quién inventó tantos insultos,
por qué ensució sus playas
con cemento armado y toneladas
de crema hidratante.

Un país que miente
sobre sus guerras, sobre sus héroes,
un país de historia-ficción
excepto, quizá, para la mala suerte
(a ésa le somos siempre muy devotos,
muy fieles).

Vengo de un país
lleno de tachones,
de bosques quemados,
de palizas de puertas adentro,
de sobrinos que no dan la talla,
un país del que nunca me iré
porque, en estricta justicia,
soy como él:
fanático y vencido.

viernes, 16 de septiembre de 2011

SEPTIEMBRE


El rigor de las costumbres imponiendo su cordura
al calor de la distancia, la renuncia, fantasía
con aroma de derrotas que te sueñan o imaginas
(y el viento que se enreda entre velas y banderas).

El sabor de las meriendas alargando los domingos
y la luz de las tardes maquilladas de poniente,
el rumor intermitente de las olas retrasadas
de noticias y horizontes. La virtud de las mareas.

La imprecisa relación de la sal y la nostalgia,
de la arena que se filtra y se queda para siempre
entre páginas reunidas y olvidadas (amarillas
de vejez inesperada). El verano que termina.

El rigor de las costumbres imponiendo su cordura;
el reloj, el disfraz planchado, puntual, apolillado;
el rumor de las horas que se escapan a escondidas.
El dolor de vernos tal como éramos

(tal como nos fuimos).