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sábado, 28 de abril de 2012

TAREAS PENDIENTES (DE MI)


Burlar mi identidad,
permanecer en silencio,
no dirigirme la palabra
 (o establecer un pacto de autoagresión sostenible),
repasar las mentiras habituales,
ducharme, después,

sacar a pasear al perro,

poner los puntos sobre las íes,
las virgulillas sobre las eñes
y las comas, por cualquier parte;
encender las velas del comedor,
acentuar la mirada,
dividir la tristeza en lágrimas alícuotas,
vengar mi timidez con otro poema,
dictar mi testamento y destruirlo
(y al notario, de extrema perplejidad, con el contenido),

sacar a pasear al perro,

regar el césped de plástico
para que crea que quizá, que algún día,
recuperar astillas de los muebles viejos,
guardarlas, como reliquias,
entre las páginas de un libro de Cheever
para datar el tesoro (en caso de su descubrimiento futuro),
refugiarme al abrigo de una carrera suave al atardecer,
sacar los cadáveres del armario y darles de comer
(pan de ayer y hambre para mañana),
cocinar esa receta de nunca acabar de saber
(cocinar y todo lo demás),
comprar leche, naranjas, libretas (lo esencial),
dejar de usar tantos paréntesis,

sacar a pasear al perro,

recordarte, reconstruirte, soñarte,
suponerte echándome de menos,
pendiente, impaciente, atareada
                                                         de mí.

lunes, 23 de abril de 2012

PRINCIPIO DE ARQUIMEDES


Miras
pero sabes que lo oculto importa más:
el subtexto, el mar de fondo, la presión,
eso que fluye
y mueve
eso que te empuja hacia arriba:

eso es lo que te hace flotar,

sobrevivir, dices, fíjate.

Escuchas
pero sabes que hay algo detrás
                     
                     [como un eco
                     que no repitiera
                     las mentiras]

Puede que el empeño valga la pena,
y surja lo que no se dice
al otro lado del ruido
(y tiembla, tiembla, tiembla).

Puede que termines por entender
las palabras disfrazadas
las que perecieron, tachadas, también:

Puede que intuyas esa verdad que está
                                                                                más
atrás,
                                                                                más

                                                                               abajo.

Hay algo, sí,
algo que no deberías dejar desatendido,
algo disimulado que te toca demasiado cerca:
algo que te sabe y se calla.


A veces lo consigo y leo en tus sueños,
(soy el vecino del cuarto de al lado).

Déjate llevar.

[Un verso total o parcialmente sumergido
en un lector en reposo
recibe un empuje de abajo hacia arriba
igual al peso de lo oculto
que desaloja].

jueves, 19 de abril de 2012

HOY


Hoy el viento (atentos: quizá sea la memoria)
trae ese aroma, de nuevo,
y aúlla el dolor,
malvenido, gritón, incómodo,
entre los árboles vencidos.

Apuras, exprimes y destilan los recuerdos,
cala, gota a gota, ¿el pasado?:
cuando disfrazamos de humor la vergüenza,
y de inexperiencia los tropiezos,
cuando maquillamos nuestro rubor
y disimulamos,
cuando aparecen los temblores,
y nos perdonamos la falta de tacto
mientras oímos cómo gotea la sangre (ajena),
cuando atribuimos a un malentendido
el desamor y la indolencia,
y a un error en la estrategia
la pérdida, la amputación.

La tristeza, la duda, la renuncia
escrita a cincel, día a día,
en el mármol de tu historia.

Hoy, por eso: hoy.
Mañana es otra cosa:
mañana será memoria.

Hoy, digo. Sin duda.
Es el único momento
(el momento es único, quiero decir)
Aunque sólo sea (solo)
por no tener que inventar más idioteces,
más versos,
por no tener que disimular,
entre paréntesis
(más coartadas).


lunes, 26 de marzo de 2012

LOS OJOS DE AUSTER


Mi padre tiene los ojos de Auster,
de Paul Auster,
creo que no os lo había dicho nunca,
o que no os habíais fijado,
pero así es.

Un problema:
conocí los ojos de mi padre mucho antes
de leer,
     de leer literatura,
          de leer literatura norteamericana,
así es que supongo que es al contrario:
es Auster el que robó
los ojos de mi padre.

Porque él, mi padre,
ha mirado siempre así,
con una intensidad que chirría
como con un jadeo,
esforzándose,
apuntando con los párpados
como haces con la mira de un fusil.

A mi padre se le puede oír mirar.

Él siempre dice
“¡Pero qué fea es la gente!”
(y con unos ojos así
no parece que se pueda llegar
demasiado lejos).

Nos encontramos a nosotros mismos
únicamente mirando lo que no somos
dice Auster

Y así lo intento yo,
y cada vez que veo
una entrevista con Auster
justo antes de que empiece a hablar,
ahí están, los ojos de mi padre,
mirando, exactamente, lo que no somos.

Luego empiezan las preguntas del entrevistador,
los tópicos y todo lo demás,
y es cuando pienso que la vida de mi padre,
al contrario de lo que dice Auster de sus novelas,
sí es, completamente,
autobiográfica.

Y que Auster,
como sus ojos, es un fraude:

La escritura no sirve para cerrar heridas,
dice.

Y yo estoy por creerle.


miércoles, 7 de marzo de 2012

(PRE)FIJO QUE ACIERTO


Resulta cansado
(de)mostrarse, (de)venir, (de)tenerse
o mirar(se)
o languidecer.

Resulta fatigoso
(sobre)dimensionarse, (sobre)salir,
superar(se)
o desfallecer.

Resulta forzado
(pre)sumir(te), (pro)gresar, (re)tirar(se),
resulta, al menos,
opinable.

Pero resulta imprescindible
dejar(se) llevar
     permitir(se) querer
          sumar(se) al (pre)fijo
               de (sobre)vivir.

domingo, 26 de febrero de 2012

SALVADA



En la imaginación de mi hija
hay un mirlo pardo que siempre vuelve.
Y sé que eso la salvará.

Ella siempre pregunta cosas
como por qué se crece sólo hasta cierta edad,
por qué el humo tapa la luz,
por qué te gusta la cerveza si está amarga,
por qué hay que leer si es aburrido,
si es inventado,
si no es de verdad.

Ella piensa en el miedo como en la fiebre,
como algo que se pasa
(que se pasa y ya está).

Y yo quisiera enseñarle,
antes de que (yo) sea demasiado tarde,
la última playa que hemos dejado sin apartamentos,
la única marca de vaqueros que no deja rastro de muertos,
la física inexorable del desorden,
la belleza del spin de un electrón;
enseñarle que puede parecer que sí,
pero que apenas si hay tiempo.

Pero ella ya sabe que lo malo no es que no puedas dormir
sino que te quedes sin sueños.

Mi hija siempre pregunta
por qué no hay más de siete notas,
por qué a alguien se le ocurrió algo tan tonto
como que si mientes te crecerá la nariz
(y a él no le creció),
por qué dicen “en el fondo” cuando quieren decir “de verdad”,
por qué los libros son más altos que anchos,
por qué el vacío conserva (y no absorbe) las cosas
(y de dónde sale, el vacío).

Y yo no sé cómo decirle
que lo que nos hace inteligentes
es lo mismo que, a la vez, nos duele,
que hay demasiadas cosas
(y personas, me temo)
que son mucho menos que la suma de sus partes,
que, la mayoría de las veces y simplemente
yo, hija, tampoco lo sé.

En la imaginación de mi hija
hay un mirlo pardo que siempre vuelve.

Eso sí lo sé
y se lo agradezco,
cada vez más.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Discutible, querido Quevedo, discutible.


Antepasados, en fin, versos sueltos;
no lo dudes, el poema siempre acaba
y el punto final nos cose (con seda
trenzada) los párpados inflamados.

Inexorablemente, como
una llave encaja en su cerradura.

Luego
tal vez (con suerte) nos estudiarán,
con la fría curiosidad de una tesis doctoral;
nos mirarán
con la dedicación estricta que requieren
los tratados, los inventarios,
seremos


Convertidos en fragmentos aislados
sobre portaobjetos, seremos tinta,
agua pasada, listados y polvo,
ceniza exactamente analizada.

Seremos, en algún momento,
antepasados.

Inexorablemente,
a medida de nuestra sepultura,

Luego, quizá, ellos, 
nuestros descendientes,
encuentren el tiempo necesario,
probablemente


Buscarán huellas de nuestras promesas:
no quedará rastro; no hubo victoria,
no habrá leyendas, ni llamas eternas,

Inexorablemente,
no hay más vida que la que arde
(ni otra ribera).

No entenderán por qué,
interpretarán, a tientas, nuestras razones,
justificaciones a granel, por toneladas
(quedarán ocultas, si hubo, las verdaderas),
seremos

objetos de sutil condescendencia,
nos buscarán, rigurosos, sentido:
ciencia será, y ciencia desalmada.