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miércoles, 27 de febrero de 2013

RIMA @sonante

Sólo el poeta sabe
que Navidad rima con Kamikaze,
que la intelijencia es aguda
y "corazón" una palabra demasiado llana.

Sólo el poeta conoce
la métrica adecuada para el desfile
de palabras perfectamente armadas.

Sólo el poeta encuentra
belleza en el paisaje de un diccionario
mientras las metáforas se le caen
sin ton ni son
desde los bolsillos rotos;
sólo el poeta pierde el tiempo
por ganar tiempo
jugando con un punto y coma
que revolotea entre papeles.

Sólo el poeta habla claro
de la improbabilidad del futuro imperfecto,
de la eternidad encerrada en su pecera,
nadando en una perpetua derrota.

Sólo el poeta sabe
y ni aún así.




martes, 19 de febrero de 2013

MERITOCRACIA

Merezco esta vida
y luego (desde luego)
algo más, o mejor.

Merezco el azúcar en el café
cada mañana
y tu sonrisa y una luz,
(por favor, radiante)
entrando por la ventana.

Merezco las caricias
de un amor correspondido
y, al menos, la mitad de las ganancias
de los negocios que arruiné
(sin motivo).

Merezco el balón de oro
y el unánime reconocimiento
a mi aliento poético, a mi simultánea
habilidad para el regate en corto
y para, por, sobre
la rima interna.

Merezco tanto
por haber tenido la decisión
la tenaz voluntad, el talento
de nacer aquí,
en el momento preciso,
de ser de (mi) buena familia,
de acumular sin (aparente) esfuerzo
títulos, puntos, menciones:
todo este (re)conocimiento.

Merezco tanto, sí,
que me asusta pensar
cómo pudo ser mi vida
con mucha menos
–de tanta como merezco–
suerte.

miércoles, 23 de enero de 2013

PUEDO



Puedo sacar flaquezas de mi fuerza
mientras asedian mi bien ganada soledad.

Puedo armar un ejército de excusas
y buscar entre palabras
un mal remedio al frío del destiempo,
a la ocasión perdida,
al silencio espeso y torpe,
al balbuceo.

Puedo partir una lanza
o batirme en duelo,
puedo fingir arrojo
cuando la batalla, hace tiempo,
terminó.

Puedo, eso sí, contar los cuerpos,
hacer balance,
confirmar las pérdidas,
abrir la herida que me hice huyendo
una vez más.

Puedo, colmada la trinchera,
resembrar,
esperar una lluvia tranquila,
mirar a un lado
y esperar, sí, esperar;
o puedo recoger la cosecha seca
de la desatención.

Puedo tan poco que sirva de algo;
puedo seguir, puedo (in)tentar,
puedo –no me sale tan mal– tropezar,
puedo –a veces conviene– asentir o negar,
desdecirme (o mentirme) de nuevo.

O puedo hacer que, al escribirlo,
me duela lo que es debido:
el cuerpo a cuerpo con mi verdad.

miércoles, 2 de enero de 2013

#yo



“Yo es otro”, dijo Rimbaud.

“Yo es nadie”, dijo Parra.

Yo es, mientras hablamos,
tantos que da miedo,
o tan escaso, tan pobre
que te aburre:
yo y, sin embargo,
como cualquier otro;

yo es, en cambio,
mientras callamos,
material de desecho,
mezcla siempre imposible,
tampoco yo / tan poco yo.

Y, de tanto en tanto,
(o algo menos: fugazmente),
un yo, tal vez pretérito,
imagina palabras, su epitafio,
tan cierto y tan ilusorio,
tan improbable como un juramento.

[Yo, que ni siquiera prometo (,)
morir (,) en el peor momento].

Yo, sin que nadie me pregunte
y arriesgando respuestas.

Yo --seas quien seas--
no desaparezcas:
mientras estemos juntos
nada podrá sucedernos.

lunes, 10 de diciembre de 2012

EN EL FONDO



Usas mucho esa frase
y, en su lugar, cabrían tantas otras.

La tarde se anega,
se inunda de frío y relojes
se enreda en el hilo de lana,
se apaga en la línea, en el margen
en rojo de los cuadernos antiguos.

Usas mucho esa frase
como un amuleto, como un ritual
que pudiera convocar un clima favorable,
un paréntesis,
la armadura obstinada en su acero,
una frase inoxidable y afilada.

Supones, supongo,
que hablaremos al abrigo
de lo que no tuvimos en cuenta:
los fundamentos y antecedentes de hecho,
los matices, los gestos, las flores
recién abiertas de las fechas ya tachadas,

supones, supongo,
que no hará daño
o que, si no, o en cualquier caso,
nadie pide cuentas a la esfinge,
al fin y al cabo
está, en su naturaleza, devorar.

Usas mucho esa frase.
Y nos costará tanto.

jueves, 6 de diciembre de 2012

NEVER HYDE


Te acicalas,
está a punto de llegar.

Un leve temblor lo anuncia.

El frasco luce, vacío, triunfante,
una gota de sangre recuerda
tu ansiedad al abrirlo:
no puedes, nunca puedes, esperar.

Ellos creen saberlo todo,
te suponen maldito, enfermo,
te sospechan cegado, atrapado
por la ambición de ser otro,
más fuerte, terrible,
la tentación de tu lado animal.

Tú, Hyde, sonríes:
hoy tendrás, de nuevo,
el semblante banal,
del médico piadoso,
el elegante, levemente atormentado,
Dr Jekyll (un buen hombre, dicen):
hoy aparecerá,
la sustancia aportará su ciencia, 
su formidable efecto,
(cuando cese el temblor).

never hyde,

a la luz del día,
resplandece la camisa planchada,
el gesto inocente,
esa máscara precisa
(precisamente humana):
el aspecto exacto,
que te permitirá, otra vez, matar.

jueves, 22 de noviembre de 2012

(VAGAMENTE) ALGO

Hay algo explícitamente metaliterario
en que la hija de Benjamín Prado
se llame Dylan
y la hija de Leonard Cohen
se llame Lorca.

Hay algo vagamente romántico
en buscar las razones que nos animan,
en viajar al lugar de donde surgen
las emociones, la inteligencia
o el deseo.

Hay algo básicamente ridículo
en mostrarse seguro, preparado,
sólido,
mientras miramos, de reojo,
la salida más cercana.

Hay algo, señor juez, ciertamente injusto
en reunir a las víctimas
delante de su verdugo
y recordar el crimen, paso a paso,
con detalle.

Hay algo aparentemente fiable,
sin embargo,
aunque,
depende,
veremos, tal vez no completamente.

Hay algo sutilmente atractivo
en la levedad de algunas tardes
de verano, en las palabras
tomadas al azar del margen del brillo
de las tres copas de vino blanco.

Hay algo
que se escapa,
mejor: que no se deja atrapar,
algo que necesita atención.
Hay algo, siempre,
pendiente de ser desvelado,
hablándonos de cuando en cuando.

Escuchad.