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lunes, 2 de agosto de 2010

MARCAS

Quedan, sí,
como pequeñas cicatrices
una al lado de la otra,
(pero confíe en mí).

Notará un ligero
estremecimiento
(si es especialmente sensible,
incluso un temblor
o, para serle sincero,
hasta un desvanecimiento).

No se deje asustar.

Sí, es cierto,
como se detalla
en nuestro folleto:
en alguna ocasión
se producen efectos paradójicos,
un ligero sabor metálico,
puede que llegue a oír
voces que susurran
en lenguas extrañas,
o a sentir una irrefrenable adicción
a jugar con insectos,
particularmente
con arañas
(todo esto, por supuesto,
es infrecuente, más que raro,
anecdótico).

Considere, sin embargo,
los beneficios:
inmortalidad asegurada,
¡y a saber qué vendrá después!;
opcionalmente… telequinesia,
transmutación, ingravidez,
y nuestra típica, inimitable
envidiada y elegante
palidez.

La alternativa es,
sinceramente,
poco atractiva:
una vida limitada,
tasada,
tan corta como una sonrisa,
aburrida —disculpe— como una Misa
tan frágil —permita— como usted.

Desconfíe de imitadores:
la licantropía: una lata;
el vudú: destrozará su espalda;
¿magia negra? ni se le ocurra,
para eso mejor sea bruja
(aunque considere el esfuerzo
de tanta pócima inútil
y el riesgo cierto de ser quemada).


De verdad, a la larga,
le sale todo mucho más caro,
(y no digamos los pactos
con el diablo:
disculpe la paradoja,
pero se han puesto,
literalmente,
por las nubes).

Así, que si lo desea,
no tiene más que firmar,
aquí, y aquí,
y al dorso también;
no, con sangre no,
(no malgaste ni una gota,
quizá la eche de menos
después)
con tinta bastará.

Sí, desde luego,
unas pequeñas cicatrices,
una
al lado
de la otra.

Sí, al dorso también,
junto a la fecha.

Sólo firme.

HOYO 6, etc

Con la previsibilidad
de las casas con tejados a dos aguas,
de los monovolúmenes
y de los perros pastores
que ya sólo ejercen de perros de lanas.

Con la determinación
de los dieciocho hoyos (ni uno más),
del Colegio Internacional (Nada Menos),
o del —mal llamado—
club social,

tapizando colinas,
surcada de vallas,
de rotondas y farolas,
de puestos de seguridad
como check-points para pobres,
como dudas —fundadas— para visitantes.

Surge,
omnímoda,
la Urbanización.

Sólo el viento,
en ocasiones,
el viento del sur (más exactamente),
acerca el olor antiguo y universal,
de las granjas cercanas,
acaricia el césped del campo de golf,
mueve los cabellos lánguidos —y vulgares—
de las acacias,
se infiltra en pisicinas privadas,
en las pistas de paddle
y hasta en el club —está bien—
social.

Sólo ese viento recuerda a los niños,
mientras su mirada se pierde hacia el Hoyo 6,
o hacia el logo Ralph Lauren del niqui de mamá,
que el pollo,
o el jamón,
o la leche en la que nadan sus cereales,
que todo eso,
en otro lugar,
es/fue/puede ser
de verdad.

Que hay vida inteligente / más allá / del hoyo siete.

miércoles, 28 de julio de 2010

WORDS JUST WANNA HAVE FUN

Un exceso
de palabras
desactivadas
insulsas
amortajadas

amenaza con dejarme exhausto.


El mantra aburrido de frases con demasiado
—o demasiado poco— sentido.

La monótona monserga,
la lenta procesión de las santas obviedades,
los tópicos dos por uno o siempre a precios bajos,
los lugares comunes de obligado consumo.

Surgen
de entre las hojas de los periódicos
de las novelas
de los poemas
de los labios de locutores radiofónicos
de las ventanas,
de las cafeterías,
de un vecindario locuaz,
demasiado ruidoso.

Palabras
domesticadas,
imprecisas,
inexactas,
palabras mal orientadas,
pasto para las llamas,
palabras, incluso, rimadas.

Quizá sólo salieron a divertirse
y mi mal humor las espanta.

SOSTIENE MI AMOR

Platón dedujo
que éramos reflejos imperfectos
de la exacta geometría de las ideas:
sombras
de las sombras que habitan
la oscuridad de la cueva.

Copérnico observó
nuestra excéntrica situación,
hizo de este barrio un suburbio
en órbita (predecible),
alejado —lo justo—
del brillo del sol.

Darwin dibujó
nuestra genealogía de simios imberbes,
de vocación inmaduros:
de las cuatro patas
a las dos, y de ahí,
enseguida,
a la genuflexión.

Einstein, más tarde, afirmó
que, para cualquier observador,
en cualquier lugar del Universo
a más de cien años luz,
todos los que —como bobos—
le saludamos mientras mira
estamos ya —relativamente— muertos.

Tú, en cambio, sostienes,
—ajena a la física, a la biología,
apenas rozando tangente a la filosofía—,
que no puedes vivir sin mi,
que soy el centro de todo,
que soy ideal (o bastante mono),
y en ese tópico
—perdón: en ese lugar común —
sobrevivo yo,
relativamente.

martes, 20 de julio de 2010

ADIVINA

Está en el movimiento,
bajo el acento involuntario del párpado de mi hija,
mientras duerme.

Está en esa leve señal,
en ese espasmo.

En mi hija.

Mi hija.

Implícita, en un suspiro.

Está en la mañana de algunos días, todos los días.

Contenida, expandida.

Y ellas la tienen, casi siempre.

Está en la forma en la que me amas, me acaricias.

Está agazapada: luego asoma, saluda, tímida (se adivina).

Adivina.

Está por toda, toda, toda la palabra.

Está al final de la rosa, al final de la espina.

A.

Divina.

MI IGNORANCIA

A veces

me gustaría refundar

las sólidas bases de mi ignorancia

con dioses minúsculos e inocentes,

con ángeles sin alas,

con un jardín japonés.


A veces,

cuando hay problemas,

recurro al azul apenas azul

o al rojo o al milagroso naranja

del atardecer:

a cualquier lugar,

o a cualquier momento

en el que la belleza

sea lo suficientemente intensa,

inabarcable, gratuita,

inexplicable,

como para permitirse ignorarla,

como para no agradecer el espectáculo

y postrarse, rendido.


Pero, otras veces,

la tentación, estructurada, resurge

y golpea las sólidas bases de mi ignorancia

con la cobardía altiva de un poeta

y la determinación mutilante

de un jardinero ciego.


A veces

cuando salgo al balcón y todos miran

dudo hasta de las monjas de la primera fila.


Y sólo mis zapatos

rojos,

tan brillantes,

me afianzan

sobre las sólidas bases de mi ignorancia.

domingo, 4 de julio de 2010

TOMO NOTA

Tomo nota,
aunque del lápiz acabo,
mucho antes,
el extremo con la goma
de borrar.

Tomo nota
lo que no me impide,
bajo ningún concepto
—y por más que no lo evito—,
olvidar.

Tomo nota,
sobre todo,
de lo superfluo
(lo importante ya tiene
por derecho —de pernada—
otro lugar:
libros,
archivos,
repertorios,
anuncios,
lápidas —algunas, incluso, con vistas al mar—).


Tomo nota
como si algo
—de entre todo, de entre tanto—
como si algo (digo, o quizá digo
como si a alguien)
pudiera
atrapar.

Tomo nota,
redacto
apuntes transeúntes,
esbozos de frases inútiles,
pronósticos,
apunto recados, teléfonos —muchos póstumos—,

palabras que,
pasado el tiempo,
no hago el esfuerzo suficiente
en traicionar.

La vida,
exagerada,
pasa.

Y yo tomo nota.

Como si tal cosa.

O como si nada.