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sábado, 26 de mayo de 2012

NADA PERSONAL


Estimado otro,

Entenderás que fue sin intención
el daño causado,
que no hubo voluntad de herir,
que nadie lo hubiera evitado
–tampoco yo–:
que sólo fui el vehículo anónimo
con el que el mal,
autónomo y proteico,
se transmite.

Nada personal, por tanto.

Comprenderás
como víctima fortuita,
como desafortunado objeto
de la ira –divina ergo implacable y justa,–
que me poseía,
que se desató con la furia impredecible
de una tormenta
que no hubo, para nada,
voluntariedad, odio, ensañamiento:
que sólo se presentó la ocasión,
que no tuve por qué oponer resistencia
a sentimientos tan corrientes,
tan humanos.

Y todo lo demás vino rodado.

Admitirás, espero,
que, salvados los prejuicios,
y la perspectiva viciada
que siempre os habita a los ofendidos
–ponte en mi lugar–,
y reformulados algunos aspectos
de una ética –permíteme– anómala,
académica, provinciana,
aceptarás, en fin,
que tampoco es para tanto,
que cualquiera, como yo,
se convierte en caníbal
y tú –mala suerte–
en comida.

Me sabrás disculpar.

jueves, 3 de mayo de 2012

EN EL FRENTE


En el frente,

las cosas (y los hombres)

caen por su propio peso:

hay poco espacio para las dudas,

(las únicas ratas

que no caben en las trincheras).



En el frente

las personas son sólo si están a tu lado

envueltas en miedo y en frío,

respetadas por la mala puntería,

haciendo de tripas, tripas

y diana de tu corazón.



En el frente,

junto a la certeza de tu muerte prematura

saltan de cuando en cuando

noticias de tu infancia,

y tu pasado resulta impredecible

de tan extraño, exagerado.



Se me puede acusar, por todo lo anterior,

de no haber estado nunca en el frente

pero no de carecer de una idea

muy clara

de todos los lugares

donde no quiero morir.









sábado, 28 de abril de 2012

TAREAS PENDIENTES (DE MI)


Burlar mi identidad,
permanecer en silencio,
no dirigirme la palabra
 (o establecer un pacto de autoagresión sostenible),
repasar las mentiras habituales,
ducharme, después,

sacar a pasear al perro,

poner los puntos sobre las íes,
las virgulillas sobre las eñes
y las comas, por cualquier parte;
encender las velas del comedor,
acentuar la mirada,
dividir la tristeza en lágrimas alícuotas,
vengar mi timidez con otro poema,
dictar mi testamento y destruirlo
(y al notario, de extrema perplejidad, con el contenido),

sacar a pasear al perro,

regar el césped de plástico
para que crea que quizá, que algún día,
recuperar astillas de los muebles viejos,
guardarlas, como reliquias,
entre las páginas de un libro de Cheever
para datar el tesoro (en caso de su descubrimiento futuro),
refugiarme al abrigo de una carrera suave al atardecer,
sacar los cadáveres del armario y darles de comer
(pan de ayer y hambre para mañana),
cocinar esa receta de nunca acabar de saber
(cocinar y todo lo demás),
comprar leche, naranjas, libretas (lo esencial),
dejar de usar tantos paréntesis,

sacar a pasear al perro,

recordarte, reconstruirte, soñarte,
suponerte echándome de menos,
pendiente, impaciente, atareada
                                                         de mí.

lunes, 23 de abril de 2012

PRINCIPIO DE ARQUIMEDES


Miras
pero sabes que lo oculto importa más:
el subtexto, el mar de fondo, la presión,
eso que fluye
y mueve
eso que te empuja hacia arriba:

eso es lo que te hace flotar,

sobrevivir, dices, fíjate.

Escuchas
pero sabes que hay algo detrás
                     
                     [como un eco
                     que no repitiera
                     las mentiras]

Puede que el empeño valga la pena,
y surja lo que no se dice
al otro lado del ruido
(y tiembla, tiembla, tiembla).

Puede que termines por entender
las palabras disfrazadas
las que perecieron, tachadas, también:

Puede que intuyas esa verdad que está
                                                                                más
atrás,
                                                                                más

                                                                               abajo.

Hay algo, sí,
algo que no deberías dejar desatendido,
algo disimulado que te toca demasiado cerca:
algo que te sabe y se calla.


A veces lo consigo y leo en tus sueños,
(soy el vecino del cuarto de al lado).

Déjate llevar.

[Un verso total o parcialmente sumergido
en un lector en reposo
recibe un empuje de abajo hacia arriba
igual al peso de lo oculto
que desaloja].

jueves, 19 de abril de 2012

HOY


Hoy el viento (atentos: quizá sea la memoria)
trae ese aroma, de nuevo,
y aúlla el dolor,
malvenido, gritón, incómodo,
entre los árboles vencidos.

Apuras, exprimes y destilan los recuerdos,
cala, gota a gota, ¿el pasado?:
cuando disfrazamos de humor la vergüenza,
y de inexperiencia los tropiezos,
cuando maquillamos nuestro rubor
y disimulamos,
cuando aparecen los temblores,
y nos perdonamos la falta de tacto
mientras oímos cómo gotea la sangre (ajena),
cuando atribuimos a un malentendido
el desamor y la indolencia,
y a un error en la estrategia
la pérdida, la amputación.

La tristeza, la duda, la renuncia
escrita a cincel, día a día,
en el mármol de tu historia.

Hoy, por eso: hoy.
Mañana es otra cosa:
mañana será memoria.

Hoy, digo. Sin duda.
Es el único momento
(el momento es único, quiero decir)
Aunque sólo sea (solo)
por no tener que inventar más idioteces,
más versos,
por no tener que disimular,
entre paréntesis
(más coartadas).


lunes, 26 de marzo de 2012

LOS OJOS DE AUSTER


Mi padre tiene los ojos de Auster,
de Paul Auster,
creo que no os lo había dicho nunca,
o que no os habíais fijado,
pero así es.

Un problema:
conocí los ojos de mi padre mucho antes
de leer,
     de leer literatura,
          de leer literatura norteamericana,
así es que supongo que es al contrario:
es Auster el que robó
los ojos de mi padre.

Porque él, mi padre,
ha mirado siempre así,
con una intensidad que chirría
como con un jadeo,
esforzándose,
apuntando con los párpados
como haces con la mira de un fusil.

A mi padre se le puede oír mirar.

Él siempre dice
“¡Pero qué fea es la gente!”
(y con unos ojos así
no parece que se pueda llegar
demasiado lejos).

Nos encontramos a nosotros mismos
únicamente mirando lo que no somos
dice Auster

Y así lo intento yo,
y cada vez que veo
una entrevista con Auster
justo antes de que empiece a hablar,
ahí están, los ojos de mi padre,
mirando, exactamente, lo que no somos.

Luego empiezan las preguntas del entrevistador,
los tópicos y todo lo demás,
y es cuando pienso que la vida de mi padre,
al contrario de lo que dice Auster de sus novelas,
sí es, completamente,
autobiográfica.

Y que Auster,
como sus ojos, es un fraude:

La escritura no sirve para cerrar heridas,
dice.

Y yo estoy por creerle.


miércoles, 7 de marzo de 2012

(PRE)FIJO QUE ACIERTO


Resulta cansado
(de)mostrarse, (de)venir, (de)tenerse
o mirar(se)
o languidecer.

Resulta fatigoso
(sobre)dimensionarse, (sobre)salir,
superar(se)
o desfallecer.

Resulta forzado
(pre)sumir(te), (pro)gresar, (re)tirar(se),
resulta, al menos,
opinable.

Pero resulta imprescindible
dejar(se) llevar
     permitir(se) querer
          sumar(se) al (pre)fijo
               de (sobre)vivir.